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lunes, 17 de abril de 2017

Ahora son tres

Dos cuerpos yacen en el suelo, tapados levemente con la manta estampada de tigre, las pieles entrelazadas hacen difícil distinguir donde empieza y donde termina qué. Se escucha la lluvia fuerte que cae en el pequeño balcón con flores de colores, el fuego en la chimenea cruje al ir quemándose los leños. Las telas azules que cuelgan del techo, hacen sombras que bailan con la luz de las velas.

Grande en la pared, el espejo empañado gotea el suelo y forma un pequeño charco cada vez más grande. Los vasos de cristal rebosan de brandy sobre la mesita de hierro forjado cerca al fuego, mientras el frio de la noche tiende su velo avivado por las gotas que aún no paran de caer del cielo. El felino gordo camina despacio por la habitación, suelta su ronroneo suave a cada paso fofo de sus patitas suaves.

La lluvia se hace tormenta mientras los truenos sacuden la calma, una sirena de policía toma presencia de a poco en el oído. En el cenicero, la colilla de algo parecido a un cigarrillo aun deja salir un poco de humo, el sonido metálico de un cubierto que cae al suelo se escucha en la cocina. De ella, otro felino con una campanita colgada en el cuello sale a paso ligero, pasa sobre los cuerpos, salta la mesa del brandy y termina de otro brinco en un borde que sobresale de la chimenea.

Todos en la habitación aprovechaban el calor  y la luz que salía, hasta que …Cocó, “kitty, kitty, kitty” ven Gordito “kitty, kitty, kitty”. La voz era dulce, casi infantil, los gatos acudieron tan rápido como las centellas que iluminaban el cielo.

Una silueta voluptuosa salió de la cocina, su cabello pálido casi blanco ondulaba hasta llegar a sus nalgas. Rosadas con pecas, sus mejillas rozagantes de vida servían de sostén a dos ojos del color de la miel. Con una ceja alzada miro los cuerpos en el suelo, en su boca un cilindro de papel algo amorfo y en sus manos un zippo con el que encendió el objeto.

El pecho lleno de pecas hace sobresalir dos pezones rosados tensionados por el clima. Bajo el seno izquierdo un dragón azul que se desliza por las costillas, pasa por el ombligo y termina en su entrepierna. A grandes bocanadas va consumiendo lo que tiene en su boca, llena la habitación con el humo que expulsa. El color miel ahora se acompaña de numerosas venas rojas y con el último suspiro al terminarlo pregunta.


“¿Qué tal otro?”...

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