Dos cuerpos yacen en el suelo, tapados levemente con la
manta estampada de tigre, las pieles entrelazadas hacen difícil distinguir
donde empieza y donde termina qué. Se escucha la lluvia fuerte que cae en el
pequeño balcón con flores de colores, el fuego en la chimenea cruje al ir quemándose
los leños. Las telas azules que cuelgan del techo, hacen sombras que bailan con
la luz de las velas.
Grande en la pared, el espejo empañado gotea el suelo y
forma un pequeño charco cada vez más grande. Los vasos de cristal rebosan de brandy
sobre la mesita de hierro forjado cerca al fuego, mientras el frio de la noche
tiende su velo avivado por las gotas que aún no paran de caer del cielo. El
felino gordo camina despacio por la habitación, suelta su ronroneo suave a cada
paso fofo de sus patitas suaves.
La lluvia se hace tormenta mientras los truenos sacuden la
calma, una sirena de policía toma presencia de a poco en el oído. En el
cenicero, la colilla de algo parecido a un cigarrillo aun deja salir un poco de
humo, el sonido metálico de un cubierto que cae al suelo se escucha en la
cocina. De ella, otro felino con una campanita colgada en el cuello sale a paso
ligero, pasa sobre los cuerpos, salta la mesa del brandy y termina de otro
brinco en un borde que sobresale de la chimenea.
Todos en la habitación aprovechaban el calor y la luz que salía, hasta que …Cocó, “kitty,
kitty, kitty” ven Gordito “kitty, kitty, kitty”. La voz era dulce, casi
infantil, los gatos acudieron tan rápido como las centellas que iluminaban el
cielo.
Una silueta voluptuosa salió de la cocina, su cabello pálido
casi blanco ondulaba hasta llegar a sus nalgas. Rosadas con pecas, sus mejillas
rozagantes de vida servían de sostén a dos ojos del color de la miel. Con una ceja
alzada miro los cuerpos en el suelo, en su boca un cilindro de papel algo
amorfo y en sus manos un zippo con el que encendió el objeto.
El pecho lleno de pecas hace sobresalir dos pezones rosados
tensionados por el clima. Bajo el seno izquierdo un dragón azul que se desliza
por las costillas, pasa por el ombligo y termina en su entrepierna. A grandes
bocanadas va consumiendo lo que tiene en su boca, llena la habitación con el
humo que expulsa. El color miel ahora se acompaña de numerosas venas rojas y
con el último suspiro al terminarlo pregunta.
“¿Qué tal otro?”...
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