Un punto blanco, centro de un
cuadro puesto algo torcido en la pared, su marco sucio de tanto tiempo deja
caer polvo que destella con la luz de la ventada. Un sonido grave casi sordo al
fondo es acompañado por una vibración en la tierra. Sentado en frente Muhhamad,
su rosto esta de igual manera cubierto, con dos líneas color piel que le descuelgan
desde los ojos.
Holgado, en una silla inamovible
observa aquel punto blanco a par de metros, este crece conforme su pupila se
dilata. El cristal de la retina deja pasar cada vez más luz, mientras sin
moverse él y el cuadro cortan distancia. El fondo deja de ser negro, el punto
se apodera del espacio, Blanco es todo ahora.
Muhhamad mueve su mano para
correr las sábanas del tendedero, al fondo ve a su madre sudando por el
ardiente sol y el esfuerzo de dejar todo tan limpio como cuando era nuevo. Ella
voltea, le sonríe, sus labios se mueven sin liberar ningún sonido mientras su
mano le pide que se acerque. Una sábana se suelta de la cuerda, quita los
colores por un instante.
Risas y algarabía de niños. El
rechinar de los columpios, el balancín, el canto del imam traído por el viento,
sombras negras caminan de redor cuan espectros de ultratumba en pleno día. Mira
al suelo, se percata de la ausencia de este, un espejo que refleja el cielo se
lo traga entero.
Cálido se siente, protegido de
todo peligro, pequeños destellos de luz rojiza languidecen a través de la
membrana que lo guarda. Adicional al suyo, otro latido más fuerte comparte el
espacio. El letargo que genera el sedentarismo de moverse solo en giros, hace
que duerma placido y tranquilo.
“Is coming. Nurse, please make
ready the delivery room”. El llanto de un bebe sosiega la sala, las caras del
personal médico dan luz de satisfacción. Una nueva vida llega al mundo del lado
contrario del planeta, del lado en que hubo poder para quitar miles de las
mismas.
Poco a poco Muhhamad borra su vida anterior, sus padres ahora le llaman George.
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