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martes, 4 de abril de 2017

Clack, clack, clack en los vidrios azules

Clack,clack,clack! Chasqueaban los dientes de todos en la habitación, ya tenían 20 días de esperar en ese hueco oscuro y frío. Afuera era peor, una lápida de nieve boqueaba la puerta, la única salida de tan problemático predicamento.

El viento entraba por una grieta en la pared, un sonido grave casi siniestro se colaba por la hendija, muy grande y alta como para taparla. Clack,clack,clack! Chasqueaban los huesos de todos en el lugar.

Aullidos de lobos se escuchaban a la distancia, algo muy raro por las tierras bajas de Villa del Rosario. Este pequeño municipio languideció ante el cambio climático y a pesar de la poca culpa, tres meses de nieve blanca como algodón, caían inclementes.

Los 10 se apeñuscaban buscando calor, la pequeña nevera de motel estaba vacía, a pesar de tener hambre nadie se atrevía a salir del sauna. Por suerte, la energía aun funcionaba gracias a la hélice que giraba por los fuertes vientos. Pero cada vez más débil, no daba abasto para poner roja la resistencia que calentaba en cuartico de madera.

Clack, clack, clack! Crujían las paredes, mientras todos se miraban sin decir una palabra. Sus mentes adormecidas solo podían mantener funcionando el cuerpo. Uno de ellos estira la mano mostrando el último rezago de alimento.

Con presteza todos arrancan un pedazo cual animales sin razón, sus ojos perdidos perdieron vida. La muerte inminente los persigue de cerca y no tienen más remedio, después de mascar lo poco que se pudo, tuvieron que volver al estado de letargo casi catatónico en el que estaban.

Un machete, algo romo y con coágulos casi marrones reposaba en una esquina. Su hoja fría era ignorada, nadie quería saber para que estaba ahí, aunque claro era en sus mentes como se usó.

Uno cerro los ojos, después de un rato su pecho dejo de moverse y sus labios al igual que sus dedos se pusieron de un morado casi negro. Un nombre se escuchó en medio del murmullo del viento, Sibia!, Sibia?

Un hombre grande se puso en pie, lágrimas en sus ojos escurrían en cantidad, al parecer la muerte había llegado a alguien muy querido para él. Tomo un momento para calmarse y recordar la situación en la que estaban, se cercioró de la perdida para estar seguro.

La tomo en sus brazos, desnudo su cuerpo, lo puso en medio mientras todos observaban. Clack, clack, clack! Un ruido fino y agudo repetido de metal contra el suelo se escuchó, luego de unos minutos termino. El machete en una esquina vestido de rojo goteaba el suelo.

El mismo hombre exclamo con una frialdad casi mortuoria, “ahora hay que comer”


Clack, clack, clack! Se escuchaba el granizo golpeando los vidrios azules que estaban al cruzar la calle.

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